lunes, 29 de diciembre de 2008

29 de Diciembre. Madre mía que están en Los Cielos...

 Ese año no pasé la Navidad junto a mis padres. Me quedé en Santiago por razones de trabajo.
La mañana del 29 de Diciembre recibo una llamada desde San Fernando: Mi madre estaba en el Pensionado del Hospital local.
 Había sido intervenida un par de días antes. No quiso avisarnos "para no preocupar a los niños" (mi hermano menor y yo).
 Viajé de inmediato. Llegué al Hospital a la hora del Angelus.
 Mi padre, con un angustiado rostro, caminaba por los pasillos como un tigre enjaulado.Iba y venía, en silencio total.
 Entré a la habitación: ¡Quedé sobrecogido! Mi madre, vital, con un recio carácter, que no le impedía ser dulce cuando correspondía, estaba conectada a tubos, bolsas de suero, etc.
 Pálida. Parecía dormir.
 Le hablo, acaricio su rostro. Se mueve inquieta, como deseando responderme. Se que me estaba escuchando. No siento el paso del tiempo. A las 21.10 hrs. no la siento respirar. Sus pupilas se dilatan.   Llamo al médico, llega alarmado, me hace salir de la habitación. Mi madre acababa de morir. Alcanzo a besarla en la frente. Consuelo a mi padre.  Horas después llega mi hermano. El velatorio, la misa, el funeral, el adios.
 Años después, mi padre me dice: ¿Recuerdas al médico que operó a tu madre?
Se suicidó. Se degolló con su propio bisturí...
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