miércoles, 6 de enero de 2010

TIEMPOS DE INOCENCIA: Cerro de Santa Lucía. En Santiago de Chile.


 Esta fotografía tiene sus años. Es de los tiempos en que no había rejas, guardias, policías. Y, en vez de delincuentes, macheteros o personas que te hostigan buscando engañarte "leyendo la suerte", se veía a escolares copiando la famosa carta esculpida en la roca y, además, muchas parejas en distintas etapas del proceso de enamoramiento.



 E incluso, el agua que tan limpia fluye desde las fuentes, no sabía que sería privatizada.


 Eran tiempos de inocencia. Tan raros tiempos que, a los ciudadanos que participaban en la política, les interesaba de verdad servir a los ciudadanos y a su país. Si buscan ejemplos en nuestra historia, se asombrarán que el mismo que se preocupó de transformar lo que era un cerro sin gracia en una maravilla verde para goce y deleite de los santiaguinos y provincianos, consumió casi toda su fortuna en este y otros empeños altruistas.


 Si comparamos con el presente en que se exterminan cientos de árboles para reemplazarlos por unas moles de cemento, acero y vidrio. Sentándose totalmente en el impacto medioambiental.    Algunos con tanta patudez que, para llenar mas sus insaciables arcas tipo Rico McPato, le piden al Estado que solucione los problemas viales inherentes, haciéndole gratis nuevas carreteras, puentes, túneles y hasta una estación de Metro a la puerta misma de sus construcciones. Caras de palo que no aportan en lo más mínimo al crecimiento espiritual de una nación.


 Por eso, esta fotografía es un tesoro. Porque simboliza ideales, sueños y logros hechos con amorosa transparencia. Y que, Dios así lo quiera, ruego que algún día podamos revivirlos.


 Que vuelvan los días en que no nos ofrezcan más carabineros en nuestros barrios enrejados, sino que nos ofrezcan el poder salir a caminar sin temores. Dejar nuestras puertas entreabiertas con la total confianza y seguridad de que al regreso, todo estará en su lugar.


 Ojala aprendiéramos desde la cuna que, lo que sembramos es lo que vamos a cosechar. Si sembramos valores, amor, respeto, rectitud, no vamos a tener necesidad de electrificar nuestros muros. Podremos mirar las flores de nuestro jardín a través de visillos transparentes, en vez de cortinajes tupidos protegidos por barrotes.


 Un amigo me decía que sabía el nombre de muchas personas de distintas personas de los lugares más increíbles del planeta, pero, que ignoraba el nombre de quienes vivían al lado de su casa.


 Pensaba mostrar esta fotografía, y escribir algo acerca de la refrescante agua de las fuentes, pero, mi corazón me llevó hacia otras latitudes.


¡Me gustaría tanto saber que opinan ustedes de lo que acabo de contarles!

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