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miércoles, 5 de agosto de 2015

Adelgazar comiendo pan

El pan vive en una constante paradoja. Por un lado, hay un esfuerzo general en apartarlo del día a día porque, tradicionalmente, se piensa que engorda y las dietas bajas en hidratos de carbono le han señalado como enemigo principal. Por otro lado, está viviendo una época dorada que le ha elevado a la categoría de producto ‘gourmet’ gracias a la labor y predicamento de nuevas panaderías que se esfuerzan por recuperar todo lo bueno que tiene lo viejo. 


Suele ser la primera consecuencia de cada dieta: adiós al pan. Pero esto es un error. ¿Por qué? Porque te quedas sin energía, la sensación de hambre es permanente, estás triste, tienes más posibilidades de tener diabetes… 






















¿Otra paradoja? Sí, pero no. Este movimiento es justo lo que une a las dos posiciones encontradas porque tiene su raíz en las bondades del pan. Esto es: el buen pan –el que se amasa y se hornea con harinas sin refinar y masa madre– es fundamental e irreemplazable en toda dieta equilibrada. Es más, incluso cuando lo que se quiere es adelgazar y no solo mantenerse en un peso saludable. Por eso hay que comer pan. Pan del bueno, pan del que no es prefabricado y del que se cocina con cariño. 

Pero como es probable que queden muchos irreductibles que se niegan, a priori, a introducirlo en su dieta diaria he aquí una lista con las ocho cosas que pasan si dejas de comerlo. 
1. Cuando reduces la ingesta de hidratos de carbono notas que pierdes peso y a una velocidad considerable. Pero, ojo, no estás perdiendo grasa. Lo que estás perdiendo es agua. Y esto no es solo muy poco sano, sino que también es lo más parecido a un espejismo. En cuanto vuelvas a comer hidratos, engordarás a la misma velocidad. 

2. Sin hidratos no hay energía. Y esto no significa solo que te encuentres “algo cansado” o que te cuestes más subir las escaleras de tu casa, no. Esto implica debilidad, mareo, insomnio, mal aliento, náuseas, sequedad de boca y dificultad para pensar con propiedad. Rendirás poco y mal y ya sabes qué consecuencias laborales puede acarrear. 

3. Su ausencia causa sensación de hambre perpetua y aumenta la necesidad de ‘antojos’. Esto pasa porque los niveles de azúcar en sangre suben y bajan mucho, casi como si fuera una montaña rusa. Y uno se pasa el día soñando con comer cosas 'prohibidas’… hasta que se da un atracón de ellas porque no puede más. 
Y todo se va al garete. 

4. Cuando dejas de tomar hidratos, aumentan las posibilidades de tener problemas de corazón y de desarrollar diabetes. En cambio, si tomas, por ejemplo, pan integral vas a ayudar a tener un buen nivel de colesterol (del bueno) en sangre y a disminuir las opciones de un infarto cardíaco, obesidad y diabetes. 

5. La energía cae en mínimos históricos. Sí, como la Bolsa en un mal día. Pero si incluyes pan integral en tu dieta, tendrás controlada la fuente de hierro, de magnesio y de vitamina B. La suma de las tres es la manera de mantener equilibrada la energía (que se ha visto privada del resto de hidratos de carbono por la dieta que has elegido). 

6. Consecuencia directa: estreñimiento. Y todos sabemos lo incómoda (y poco sana) que esta situación. Así que, no cortes radicalmente con el pan y come un par de rebanadas integrales cada día. Tu cuerpo y tu intestino te lo agradecerán. 


7. Sin hidratos tienes muchas posibilidades de estar triste. Y si has hecho alguna dieta que corta totalmente con ellos, lo sabrás perfectamente. Todo cuesta más, todo es más gris, todo apetece menos. Eso es porque no tienes energía y porque los niveles de serotonina caen en picado. Con lo cual, comer pan te pondrá automáticamente de mejor humor (y no solo por lo rico que está, claro). 

8. El ejercicio se convierte en un mayor suplicio. Si no hay hidratos de carbono en tu cuerpo, no hay energía. Si no hay energía, no hay 'gasolina’ para el gimnasio. Si no hay 'gasolina’, no hay fuerza ni resistencia y tu entrenamiento se convierte en un infierno frustrante. Así que, una vez más: incluye pan bueno en tu dieta y verás como todo es mucho mejor.
Fuente:es.vida y estilo.yahoo.es.WTB

martes, 17 de julio de 2012

¿De quien es esa grasita?... ¡Tuyita, tuyita!

Ese increíble abdómen que redondea la figura de millones de personas esconde a uno de los más temibles asesinos: la grasa tóxica.


Aunque no seamos modelos de pasarela ni nos interese ya lucir como a los 20, cuando la juventud y la delgadez parecían eternas, debemos reducir esas libras de más, o arriesgarnos a una muerte prematura.

Seamos honestos, ninguna dieta milagrosa hará el trabajo por nosotros. Pero quizás si vemos durante unos segundos el paisaje repugnante de nuestros órganos cubiertos por esa grasa enemiga, comprenderemos por qué debemos cambiar algunas costumbres antes de ser invadidos irremediablemente.


Eso se ha propuesto la campaña australiana LiveLigther con una serie de videos que nos muestran la cara fea de nuestra dieta poco saludable.

Según el sitio web de LiveLigther, la grasa tóxica, también conocida como grasa visceral o abdominal, rodea órganos vitales como el hígado, el corazón, los riñones y el páncreas.


Su exceso incrementa la posibilidad de desatar enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer.


Asimismo, el sobrepeso nos hace más vulnerables a los problemas de fertilidad, los dolores en la espalda, la osteoartritis y otros padecimientos.

La campaña, que cuenta con el respaldo del gobierno del estado de Australia Occidental, propone algunos cambios en nuestro menú y nuestros hábitos para conseguir un peso saludable.


El primero nos exhorta a modificar la proporción de alimentos que nos servimos y reservar la mitad para los vegetales, un cuarto para las proteínas (carne, pollo, legumbres) y el otro para los carbohidratos (arroz, pastas, patatas, pan).

Una alimentación basada en vegetales y frutas, sea en jugos, ensaladas o cocidos, nos proporcionará nutrientes importantes y disminuirá la propensión a padecer ciertas enfermedades.


De acuerdo con LiveLigther, deberíamos comer diariamente dos porciones de frutas y cinco de vegetales. Con respecto a la alimentación la campaña también aconseja limitar el consumo de azúcar, sal, grasas saturadas y alcohol.

Los ingredientes para alcanzar un peso saludable se completan con recomendaciones sobre la actividad física.


El trabajo sedentario en oficinas donde pasamos horas delante de la computadora, los entretenimientos domésticos (videojuegos, televisión, cine en casa) y en general un estilo de vida demasiado apacible nos impiden eliminar las calorías de más.

El sitio de LiveLigther ofrece un método para calcular en unos segundos si estamos en peligro. El Índice de Masa Corporal (BMI por sus siglas en inglés) combina la altura, el peso y la cintura para colocarnos en una tabla que va desde la delgadez no saludable hasta la severa obesidad.

Con más del 60 por ciento de la población de Australia Occidental considerada obesa o por encima del peso normal, la campaña LiveLigther tiene una ardua tarea por delante.


Pero esta "pandemia" no solo ataca a los residentes de esa remota región. Seguramente el vientre de muchos de quienes leen estas líneas alberga ya la peligrosa grasa tóxica.

martes, 21 de julio de 2009

Adelgazando con jugos vegetales.

 Beber por lo menos un vaso diario de jugo vegetal reducido en sodio ayudaría a las personas con sobrepeso a perder más kilos.


 Un grupo de adultos que tomaba por lo menos 236 centímetros cúbicos de jugo vegetal en una dieta con control calórico y saludable para el corazón adelgazó 1,8 kilos en 12 semanas, mientras que otro grupo que usó la misma dieta sin el jugo adelgazó apenas 0,45 kilos.

 Para el autor del estudio, el doctor Carl L. Keen, es posible que el jugo vegetal ayude a disminuir el apetito.

 "Existe también la idea de que la dieta rica en verduras y frutas está asociada con un menor peso corporal", agregó Keen, de la University of California en Davis.

 Los 81 participantes del estudio (casi tres cuartos eran mujeres) tenían síndrome metabólico, un conjunto de factores de riesgo que incluyen la acumulación de grasa abdominal, presión alta, azúcar en sangre elevada y colesterol alto.

 Se estima que 47 millones de estadounidenses tienen alguna combinación de esos factores de riesgo, lo que les aumenta el riesgo de desarrollar diabetes y enfermedad cardíaca.

 A todos los participantes se les pidió adherir a la dieta DASH, por Dietary Approaches to Stop Hypertension (Enfoques Alimenticios para Detener la Hipertensión), de la Asociación Estadounidense del Corazón y que es rica en frutas, verduras, fibra, minerales y productos lácteos descremados, y reducida en grasas saturadas y sal.

 Además, se les indicó al azar a beber ninguna, una o dos vasos por día de un jugo vegetal reducido en sodio y rico en potasio durante 12 semanas.

 Además de perder más peso durante el estudio, quienes tomaron el jugo fueron más propensos también a ingerir las tres a cinco porciones diarias de vegetales.

 Además, ese grupo aumentó significativamente su consumo de vitamina C y potasio, a la vez que redujo su consumo total de carbohidratos.

 "La dieta y el peso corporal son factores clave modificables para cambiar el curso del síndrome metabólico", declaró por escrito el autor principal del estudio, doctor John Foreyt, del Baylor College of Medicine, en Houston.

 La mayoría de los adultos en Estados Unidos no consume las porciones diarias recomendadas de vegetales. Según Keen, el jugo vegetal "es una opción muy buena y accesible para reducir esa brecha".
Fuente: Reuters Health.Por Megan Rauscher.